Según el bagaje popular, lo mágico hace alusión a todo lo
que está relacionado con lo fantástico, inexplicable y uno que otro conjuro o
brujería; no obstante, para mi algo mágico es una situación en la que todo lo que
sucede es maravilloso e inolvidable; sientes estar en un sueño. En la infancia
es frecuente que este tipo de emociones nos inunden y nos brinden una pauta de
ilusión en la vida. De infante, uno de los sucesos que más me emocionaba era
esperar a mi padre regresar de un viaje. Esos días estaban colmados de gran incertidumbre, no sabía
lo que iba a contar ni las aventuras que había vivido. Lo que era un hecho inefable, la sensación de excitación que corría por mi
cuerpo a la llegada de esa circunstancia ya que siempre los viajes estaban acompañados
de un regalo especial.
Recibir
obsequios de las travesías de mi papá consistía en tener habilidad para las
suertes, ya que uno de los requisitos consistía en adivinar lo que podría ser el
presente. Esto era demasiado complejo, podía ser cualquier cosa, una maderita,
un llavero, un juguete y si tenía bastante suerte, algún artilugio
representativo del país al que viajaba. Recuerdo que cada vez que escuchaba el
auto llegar a casa corría de manera impetuosa hacia la puerta a recibirlo y
saltaba a sus brazos preguntando emocionado por lo que me había traído, a qué
lugar había viajado, por consiguiente me daba un beso y anunciaba que tenía un tesoro para mí; de
esta forma comenzaba el tan esperado ritual de adivinación.
Algo que
me mantenía anonadado sobre aquellas piezas consistía en las interesantes
historias que acompañaban a los obsequios. Muchas de las crónicas contenían
fragmentos de leyendas del sitio de procedencia o algunas invenciones de la
improvisación de mi progenitor. Supongo que al carecer de tiempo de calidad
conmigo debido a los múltiples viajes esa era una forma de hacer que no tuviera
reproche alguno por la ausencia en casa.
Gracias
a este evento, siempre que viajo a un sitio interesante y recuerdo a alguno de
mis amigos, hago exactamente lo mismo; compro una curiosidad y le otorgó un
pequeño relato sobre el sitio en el que lo adquirí. También de ahí es donde
surge mi gran aprecio por los relatos e historias fantásticas. Cuando he tenido
la oportunidad de cuidar a algún pequeño le recito anécdotas recordando con
alegría a mi padre.

